Dos nombres, una persona
Para mi familia soy Ana. Tengo 28 años, estudié Administración de Empresas, y trabajo como "asesora financiera" en una consultora del centro.
Vivo bien. Tengo un apartamento bonito en Ruzafa, un coche que no está mal, y puedo permitirme vacaciones dos veces al año. Mis padres están orgullosos de su hija la ejecutiva.
Lo que no saben es que mi verdadero trabajo empieza cuando se pone el sol. Y mi verdadero nombre, al menos el que usan mis clientes, es Luna.
Cómo empecé
Fue hace cuatro años. Acababa de terminar la carrera y estaba hasta el cuello de deudas: préstamo universitario, el alquiler atrasado, una tarjeta de crédito que había usado más de la cuenta.
Un amigo de la universidad, David, había empezado a trabajar como escort masculino unos meses antes. Le iba increíblemente bien.
"Prueba una vez" me dijo una noche de cervezas y confesiones. "Si no te gusta, lo dejas. Pero al menos habrás pagado el alquiler".
Me tomó tres semanas decidirme. Tres semanas de buscar trabajos normales que pagaban una miseria. Tres semanas de llamadas de los bancos. Tres semanas de contar monedas para llegar a fin de mes.
Finalmente, una noche, creé mi primer perfil.
Los primeros clientes
Los primeros meses fueron los más difíciles. No sabía lo que hacía. Cobraba demasiado poco. Aceptaba clientes que debería haber rechazado. Cometí todos los errores posibles.
Pero aprendí. Rápido.
Aprendí a valorar mi tiempo. Aprendí a filtrar clientes. Aprendí que la discreción vale oro. Aprendí que mi seguridad está por encima de cualquier cantidad de dinero.
Y aprendí que este trabajo no es lo que la mayoría piensa.
La realidad del día a día
No hay mafiosos. No hay drogas (al menos no en mi caso). No hay violencia constante ni situaciones de película.
Lo que hay es trabajo. Mucho trabajo.
Hay que cuidar el cuerpo: gimnasio, alimentación, depilación, peluquería. Hay que mantener el perfil actualizado con fotos profesionales. Hay que responder mensajes a cualquier hora. Hay que gestionar la agenda como si fueras una empresaria (que, de hecho, lo soy).
Y sí, hay que acostarse con desconocidos. Esa es la parte que la gente no entiende.
Para mí, el sexo es trabajo. Es una habilidad que he perfeccionado. Puedo separarlo completamente de mis emociones. Cuando estoy con un cliente, soy Luna, un personaje que he creado. Cuando termina la cita, vuelvo a ser Ana.
Los clientes
Después de cuatro años, puedo decir que he visto de todo.
El ejecutivo estresado que solo quiere compañía y conversación además del sexo. El turista que quiere una experiencia completa en la ciudad. La pareja que busca un tercer elemento para reavivar su relación. El viudo que lleva años sin intimidad y no sabe cómo volver a empezar.
La mayoría son personas normales. Gente con trabajos, familias, vidas. Gente que por una razón u otra necesita algo que no encuentra en su día a día.
¿Hay clientes desagradables? Por supuesto. Pero he aprendido a detectarlos y rechazarlos antes de que se conviertan en un problema.
El dinero
No voy a dar cifras exactas, pero gano más en una noche buena que en un mes de trabajo "normal".
Trabajo cuando quiero, con quien quiero, las horas que quiero. No tengo jefe, no tengo reuniones a las 8 de la mañana, no tengo que aguantar a nadie que no me apetezca aguantar.
¿Es dinero fácil? No. Es dinero que me gano con mi cuerpo, mi tiempo, mi habilidad para conectar con la gente. Pero es dinero honesto, aunque la sociedad no lo vea así.
El secreto
Lo más difícil de todo esto no es el trabajo en sí. Es el secreto.
No poder contarle a mi madre cómo fue mi día. Tener que inventar historias sobre reuniones y clientes corporativos. Ver la cara de orgullo de mi padre cuando habla de su hija la "ejecutiva" y sentir esa punzada de culpa.
A veces fantaseo con contarlo todo. Con sentarles y explicarles que su hija es feliz, que está bien, que ha encontrado una forma de vida que le funciona.
Pero luego pienso en sus caras. En la decepción. En el silencio incómodo en las comidas familiares. Y el momento pasa.
¿Y el futuro?
No pienso hacer esto toda la vida. Estoy ahorrando, invirtiendo, construyendo un colchón para cuando quiera dejarlo.
Pero por ahora, estoy bien. Soy buena en lo que hago. Mis clientes me valoran. Y tengo una libertad que la mayoría de la gente no puede ni imaginar.
¿Es la vida perfecta? No. Pero es mi vida. Y la he elegido yo.
El mundo del escort es más complejo de lo que imaginas. En PASION-PROHIBIDA tratamos a todas las profesionales con el respeto que merecen. Porque detrás de cada perfil hay una persona con su historia.



