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💋 Confesiones

Mi jefa reservó conmigo sin saber quién soy

EEquipo PASION-PROHIBIDA·12 de enero de 2026·4 min de lectura·15 visitas
Mi jefa reservó conmigo sin saber quién soy

Llevo dos años guardando un secreto que no le he contado a nadie. Hasta hoy.

De lunes a viernes soy administrativo en una empresa de seguros. Corbata, Excel, reuniones que podrían ser emails. Un trabajo normal, un sueldo normal, una vida que desde fuera parece completamente normal.

Pero los fines de semana soy otra persona.

Cómo empezó todo

Hace dos años necesitaba dinero extra. El alquiler había subido, el coche necesitaba reparaciones, y mi sueldo no daba para todo. Un amigo me habló de las webs de contactos. "Hay mujeres que pagan bien por compañía", me dijo. Me reí. Pensé que era broma.

No lo era.

La primera vez que publiqué un anuncio me temblaban las manos. Usé fotos donde no se me veía la cara, inventé un nombre, compré un móvil prepago solo para eso. Nadie podía enterarse. Ni mis amigos, ni mi familia, ni por supuesto nadie del trabajo.

Y funcionó. Demasiado bien.

El mensaje

Era un jueves normal. Estaba en casa viendo la tele cuando sonó el móvil prepago. Un mensaje nuevo:

"Hola, me encantaría conocerte este viernes. ¿Estás disponible sobre las 20h? Soy discreta y generosa."

Hasta ahí, nada raro. Recibo mensajes así cada semana. Pero algo me hizo mirar el número con más atención.

Lo tenía guardado.

En mi móvil personal. En la agenda del trabajo.

El corazón se me paró durante tres segundos. Busqué el contacto. Y ahí estaba el nombre que confirmó mis peores sospechas:

Elena Martínez. Directora Financiera.

Mi jefa.

Esa noche no dormí

Me pasé horas mirando el techo, pensando en todas las posibilidades. ¿Me estaba probando? ¿Alguien le había dado mi número como broma? ¿Era una coincidencia absurda del universo?

Repasé su mensaje veinte veces. El tono era real. No había dobles intenciones ni pistas de que supiera quién era yo. Simplemente había visto mi anuncio, le había gustado lo que leyó, y había escrito.

Como cualquier otra clienta.

Pero no era cualquier otra clienta. Era la mujer que firmaba mis nóminas.

El viernes más largo de mi vida

A las 9:00 entró en la oficina como siempre. Tacones negros, traje gris, café del Starbucks en la mano. Pasó por mi mesa y me dijo "buenos días" con la misma voz que había usado para escribirme cosas muy distintas.

Intenté actuar normal. Fallé miserablemente.

Cada vez que levantaba la vista del ordenador, la pillaba de espaldas en su despacho. Y no podía evitar pensar: ella no sabe que soy yo. Pero yo sí sé que es ella.

A las 14:00 fui al baño solo para respirar.

A las 17:00 ya había decidido qué hacer.

A las 18:00 escribí: "Lo siento mucho, me ha surgido un imprevisto familiar. No voy a poder quedar este viernes."

Su respuesta llegó en segundos: "Vaya, qué pena. ¿Quizás la semana que viene?"

No contesté.

Lo que aprendí sobre ella (y sobre mí)

Han pasado seis meses desde aquello. Sigo trabajando en la misma empresa. Elena sigue siendo mi jefa. Nunca volvió a escribirme y, por supuesto, nunca supo que el hombre del anuncio estaba sentado a diez metros de su despacho.

Pero algo cambió para siempre.

Ahora, cuando la veo en las reuniones con su pose de directiva seria, pienso en aquella noche. En su mensaje. En que ella también tiene una vida que esconde de todo el mundo, igual que yo.

Y por primera vez, no me siento solo en esto.

Todos guardamos secretos. Todos tenemos una versión de nosotros que solo sale cuando nadie conocido nos mira. La diferencia es que algunos tenemos la mala suerte de que esas versiones casi se crucen.

Ahora siempre compruebo dos veces el número antes de confirmar nada. Lección aprendida.


PASION-PROHIBIDA

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